miércoles, 31 de diciembre de 2014

DEMOCRACIAS LIMITADAS





DEMOCRACIAS LIMITADAS



Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, decía la célebre canción, que luego tipificaba el siglo XX como de maldad insolente; al XXI aún no lo han descrito, pero las palabras que lo puedan definir ya están inventadas.

La llamada democracia ha funcionado entre nosotros como una religión, y se ha convertido en una creencia religiosa, para lo que más que nada es necesaria la fe, y no otra cosa, hechos, para que se mantenga.

Cualquiera que critique esa fe sobre la base de los hechos concretos de la vida diaria y de la historia, ha de ser anatematizado, y cuanto más la democracia se convierta en un cascarán vacío, más fe necesitará, y más cruda será la anatematización del crítico.



Cada vez habrá más personas en los límites de una creencia que se mantiene más por fe que por comer de realidades.

Entre nosotros esas realidades son bien contrarias a la pervivencia de la creencia, por lo que o tenemos la fe del converso camionero, o somos antisistema.

Para mantener la fe en la democracia,  los trabajadores han tenido que aceptar sin rechistar trabajar más años, teóricos, en su vida laboral, y restringir derechos en sus contratos de trabajo; han tenido que aceptar pagar más impuestos y cotizaciones sociales, al tiempo que han tenido que aceptar pagar más por los servicios y prestaciones que reciben a cambio de los impuestos; han tenido que aceptar dar un porrón de miles de millones de euros a unas entidades financieras quebradas y corrompidas hasta el tuétano y hacer como que no veían la connivencia con ellas de las organizaciones públicas encargada de su control; han tenido que votar mansamente a los alternantes  que han pastoreado toda esta situación que estamos viviendo, y han tenido que aceptar leyes que les multan si protestan por esta situación demencial, al tiempo que los ladrones reciben todos los beneficios de una justicia que no funciona, lo que la hace funcional para el sistema.



Todas estas cosas han limitado la democracia, son, sin la menor duda, límites de la democracia, o, por decirlo de otra manera, son la manera real en que la democracia ha estado funcionando entre nosotros. Ha sido necesario recurrir a hablar de la democracia como fe, y solo por fe ha sido posible seguir hablando de democracia, porque a todo lo anterior ha de añadirse el funcionamiento de los partidos políticos, el sistema electoral y un largo etcétera super e infra estructural, que han convertido al sistema en un cascarón vacío, cada vez más necesitado de fe, e inquisición para sustentarse.
¿Puede la democracia de verdad conocer este tipo de limitaciones? ¿Le puede pasar a la democracia eso de estar un poco embarazada?

Y ahora van y nos dicen que, por ejemplo, en Grecia, el hecho de que el pueblo, ejerciendo su soberanía pueda optar por una alternativa diferente a la actualmente existente, pone en peligro la democracia, y la pertenencia del país al club de mercaderes al que pertenece. Lo mismo dirán en España cuando se acerquen las elecciones y la casta moribunda se enfrente a las papeletas: ¿habrá fe suficiente?



El club de mercaderes al que pertenece Grecia se ha arrogado el derecho a decidir lo que conviene y lo que no conviene a los griegos, y acepta señalar el buen y el mal camino. Ese club de mercaderes no acepta haber cometido error alguno, ni tener responsabilidad alguna en la situación, ni negociar, ni que se haga algo distinto a lo que decide que deba hacerse, no obstante carecer de una organización racional y política que la sustente.

Los griegos deben votar con miedo, pero con miedo ¿a qué? Con miedo a separarse de los mercaderes, a no segur el camino que se les ha señalado por ellos. ¿Quiénes son ellos?, ¿Qué representan? Ellos son, entre otras cosas, grandes fondos de inversión multinacionales, y, en realidad sin nacionalidad alguna, muchos de los cuales operan desde paraísos fiscales que existen legalmente en la UE sin que esa organización sepa, o quiera, acabar con ellos. Ellos deciden lo que es bueno y lo que es malo, lo imponen y meten miedo.

¿No tienen ellos nada que temer? ¿Es el proyecto europeo el proyecto de la gente? ¿No están corriendo riesgo alguno los amos del cotarro cuando meten miedo a la gente al momento de decidir lo que quiere y lo que no quiere? 

Si lo que se llama el mercado solo es capaz de funcionar con una democracia limitada cada vez más, y con fundamento en la fe, no en los hechos, ¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que estalle una nueva guerra de religión?

Esta forma de entender la democracia, con base en la fe, y en el miedo al mercado, está abocada a una crisis de los tulipanes.



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